Un pueblo pequeño con una flota enorme

Una historia de Benidorm

Muy poca gente sabe que Benidorm fue durante casi dos siglos una auténtica cantera de marinos mercantes, antes del turismo, de las playas abarrotadas, de los rascacielos, con capitanes que cruzaban el Atlántico y veleros que llegaban hasta las Filipinas. 

El mar lo era casi todo

A finales del siglo XVIII, Benidorm apenas llegaba a los tres mil habitantes, pero el mar lo era casi todo en su economía. Cavanilles (1), en sus observaciones sobre el Reino de Valencia, contó más de trescientos hombres dedicados a la pesca. A eso hay que sumar a los que vivían del cabotaje (2), del corso (3) o de oficios como calafate (4) o redero (5).

Hacia 1820 la villa llegó a tener más de doscientas embarcaciones entre barcas de pesca, buques de cabotaje y grandes veleros. El tráfico era constante hacia Barcelona, Valencia, Marsella, Málaga o Cádiz, y legaba incluso hasta La Habana, Manila o Cebú.

Mientras la mayoría de los pueblos costeros valencianos se conformaba con faenar cerca de casa, Benidorm mandaba a sus hombres al otro lado del mundo.

Contrabando

Todo tiene un principio. Después de la Guerra de la Independencia, la costa quedó desprotegida y el contrabando se disparó por la zona, hasta el punto de que en 1826 Fernando VII autorizó a un capitán de Benidorm, Miquel Ors (u Orts) García, a armar por su cuenta dos barcos durante un año para perseguirlo. Los buenos resultados hicieron que, poco después, se le concediera ampliar aquello a una división de seis buques, entre ellos una fragata de veintiocho cañones. De ahí salió una auténtica escuela de marineros locales que, con los años, acabaron nutriendo a la Marina Mercante española de pilotos, contramaestres, telegrafistas y capitanes, convirtiendo a Benidorm en cantera de marinos mercantes para toda España. 

El siglo XIX fue la gran época de esos marinos. Formados en las escuelas náuticas de Alicante y Barcelona, muchos benidormenses hicieron la llamada «carrera de América», al mando de veleros que cruzaban el Atlántico o llegaban hasta China y Japón. Se calcula que, en total, la ciudad llegó a dar unos ciento cincuenta capitanes a la Marina Mercante, una cifra enorme para un pueblo que apenas pasaba de los cuatro mil vecinos. Y sus tripulaciones tenían fama de manejarse especialmente bien en las maniobras, algo que se notaba en cualquier puerto donde atracaban.

Lo singular del caso de Benidorm es que esa vocación por el mar no era cosa de cuatro familias, sino de casi todo el pueblo. Era normal que varios hermanos de una misma familia acabaran embarcados en buques distintos. Capitanes, pilotos o maquinistas, mientras sus mujeres se quedaban al frente de la casa, podían pasar meses o años enteros en la mar. Esas ausencias tan largas, duras para cualquier familia, también le dieron a Benidorm una proyección que no le correspondía por tamaño: sus hombres conocían puertos, idiomas y costumbres que el resto de sus compatriotas ni siquiera imaginaban.

Cuando el vapor fue arrinconando al velero, nadie se quedó en tierra. Los mismos benidormenses que habían aprendido a leer el viento y las corrientes se pusieron también a estudiar como oficiales de máquinas, radiotelegrafistas o pilotos. La ciudad continuó aportando tripulaciones a navieras de Barcelona, Valencia o Bilbao, y sus hombres estuvieron tanto en la Marina de guerra como en la civil, siempre arrastrando excelente fama.

Redescubriendo la memoria

Durante mucho tiempo, toda esta historia se quedó guardada en la intimidad familiar, en los álbumes de fotos y en las conversaciones de sobremesa con amigos y vecinos. Era una historia pendiente de contar. Por suerte, en los últimos años Benidorm ha empezado a recuperarla.

En 2017 el Museo del Boca Calvari acogió la exposición «El legado de nuestros marinos», con piezas cedidas por más de cincuenta familias: cartas náuticas, uniformes, retratos de barcos, porcelanas chinas, mantones de Manila, abanicos filipinos… Objetos traídos de ultramar que, no por casualidad, habían quedado siempre bajo custodia de las «capitanas en tierra», pues eran ellas quienes ostentaban el mando absoluto, logístico y financiero de la casa, los hijos y los negocios familiares, durante las largas ausencias de sus maridos.

En 2024 fue el Aula del Mar la que abrió sus puertas, sumando nuevos testimonios a los ya recuperados. Porque esta es una historia que las nuevas generaciones también tienen que conocer.

Investigadores como el malogrado Carlos Llorca Baus, autor de un estudio de referencia sobre la marinería benidormense entre 1781 y 1950, Miquel Llinares Barceló (6), que durante años fue la memoria viva de esta historia o Eusebi Chiner (7), que ha seguido documentándola hasta hoy, han ido rescatando nombres, travesías, datos y biografías de aquellos marinos mercantes de Benidorm que vieron tierras lejanas cuando casi nadie más podía.

Mucho antes de que millones de turistas de todo el mundo empezaran a llegar a Benidorm buscando sol y playa, fueron los propios benidormenses los que salieron a buscar el mundo.

B+IA

(1) Antonio José Cavanilles(1745-1804) fue un botánico y naturalista valenciano.

(2) Navegación entre puertos de un mismo país, bordeando la costa.

(3) Campaña naval autorizada por un Gobierno (patente de corso) a barcos particulares para perseguir o saquear buques enemigos.

(4) Persona que impermeabiliza y repara el casco de una embarcación. 

(5) Persona que fabrica, repara o mantiene redes de pesca.

(2) Miquel Llinares Barceló (1920-2007): benidormense de toda la vida que, sin ser historiador de formación, se dedicó a atesorar documentos, biografías y episodios de la historia naval del pueblo. El Ayuntamiento de Benidorm y la Fundación Frax convocan anualmente el Premio de Investigación Histórica Naval «Miquel Llinares Barceló».

(3) Eusebi Chiner i Vives: médico benidormense (jefe de Neumología del Hospital de San Juan) que, de forma altruista y en paralelo a su carrera profesional, ha dedicado buena parte de su vida a investigar y divulgar la historia marinera de Benidorm, autor del libro «Benidorm y la Marina Mercante».

Fuentes consultadas y enlaces:

Libro El legado de nuestros marinos: Benidorm y la Marina Mercante (Eusebi Chiner Vives, Antonio Couto de Granja y César Evangelio Luz).

Libro Historia marinera de Benidorm (Carlos Llorca Baus).

https://histobenidorm.blogspot.com/

https://censoarchivos.cultura.gob.es/CensoGuia/fondoDetail.htm?id=72167

Pedro Cortés Barceló, fundador del primer hotel de Benidorm

https://marinacivil.com/index.php/articulo/general/13229-el-benidorm-que-nunca-existio

Libro Nuestros Piratas (Àngel Joaniquet)

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