La fuga del Arsenal de La Carraca

Historia real del submarino alemán UB-49 internado en La Carraca (1917)

Antes de mandar un submarino, Hans von Mellenthin había dado ya varias vueltas por la guerra. Entró en la Marina imperial alemana en 1906, como cadete. Al estallar el conflicto, en 1914, lo destinaron a la Marina otomana en Constantinopla, donde ejerció de oficial torpedista a bordo del crucero torpedero Berk-i Satvet. Con ese barco participó en el bombardeo del puerto ruso de Novorossiysk, en octubre de 1914, y más tarde en la protección de los transportes de tropas hacia Trebisonda. En enero de 1915 su buque chocó con una mina rusa y tuvo que ir a reparaciones; a Von Mellenthin lo pusieron entonces al mando de un torpedero turco, con el que participó en los combates de los Dardanelos. Ese mismo año pasó a la escuela de submarinos alemana, y en 1916, ya con el grado de Kapitänleutnant, tomó el mando de su primer submarino, el UB-11. Le siguieron el UB-43 y, desde el 28 de junio de 1917, el UB-49.

El UB-49 era un submarino tipo UB III, construido por Blohm & Voss en Hamburgo, botado el 6 de enero de 1917. Medía poco más de cincuenta y cinco metros de eslora y llevaba una tripulación de treinta y cuatro hombres entre oficiales y marinería.

El 9 de septiembre de 1917 entró, gravemente dañado, en el arsenal de La Carraca, en San Fernando, muy cerca de Cádiz. Las fuentes no coinciden del todo en la causa exacta de la avería, aunque apuntan a problemas en los depósitos de combustible.

No era la primera vez que pasaba algo así en Cádiz ese verano. Apenas tres meses antes, el 11 de junio, el submarino UC-52, al mando de Ludwig Karl Sahl, había llegado al mismo puerto con el motor averiado, escoltado por dos torpederos españoles. Se quedó allí reparando hasta finales de mes, y aunque llevaba ya mucho más tiempo del permitido por la normativa internacional, el comandante alemán obtuvo permiso para volver a la mar tras prometer que no volvería a hostigar ningún barco camino de Pola. El 29 de junio dejó Cádiz. Las protestas de los aliados por aquel permiso de salida hicieron que el Gobierno español cambiara de criterio, y a partir de entonces endureció su postura sobre el internamiento de submarinos.

La prensa local no tardó en sumar sospechas al caso del UB-49: el Diario de Cádiz relacionó su llegada con el hundimiento, pocos días antes, del vapor pesquero español Eva, ocurrido a pocas millas del cabo Espartel. Algunas fuentes de la época, además, llamaron por error al submarino «U-293» —un número que nunca existió en la guerra—, ya fuera por un despiste de la prensa o por un ardid de la tripulación para despistar a los aliados.

Pese al endurecimiento oficial, el UB-49 recibió trato de favor en La Carraca: le ayudaron a reparar las averías. Pero, a diferencia del comandante del UC-52 pocos meses antes, ni Von Mellenthin ni su tripulación llegaron a dar su palabra de honor de respetar el internamiento. Eso les dejaba, al menos sobre el papel, las manos libres.

El combustible fue otro cantar. Durante semanas, el agregado naval alemán intentó comprar en el mercado español entre diez y veinte toneladas de fuel del tipo adecuado para los motores del submarino, sin conseguirlo: en plena guerra, la venta estaba limitada a unos veinte litros por cliente. Al final, con algún engaño que ni el propio diario de guerra del submarino llega a detallar, y no pocas dificultades logísticas, el comandante consiguió reunir diez toneladas.

Con el depósito ya cargado, Von Mellenthin preparó la fuga en secreto, desobedeciendo tanto las órdenes de Berlín como las de Madrid. El 7 de octubre de 1917, el UB-49 abandonó Cádiz a plena luz de la tarde, sin escabullirse ni esperar la protección de la noche: sencillamente zarpó, incumpliendo el internamiento acordado, a la vista de quien quisiera mirar. Navegó nueve días con el depósito muy ajustado y llegó a Cattaro, en el Adriático, con los tanques completamente vacíos. Allí repostó de nuevo y puso rumbo a Pola, donde fue reparado a fondo.

La salida, tan descarada como fue, provocó una crisis diplomática seria: cerca de una decena de altos cargos militares españoles implicados en el caso fueron relevados de su puesto, los aliados protestaron y llegaron a lanzar amenazas, y las hasta entonces buenas relaciones entre el káiser alemán y Alfonso XIII se resintieron.

El UB-49 siguió en servicio varios meses más. En diciembre de 1917 protagonizó una de sus patrullas más activas, en el golfo de Génova, hundiendo varios vapores italianos en cuestión de días. Durante parte de la guerra operó también bajo pabellón austrohúngaro, figurando en los registros de esa marina como SM U-80. En total, a lo largo de sus ocho patrullas, hundió cuarenta buques mercantes y un barco escolta. Tras el armisticio, regresó a Kiel bordeando Noruega; fue entregado al Reino Unido en enero de 1919 y desguazado en Swansea en 1922.

B+IA

FUENTES:

LANG-VALCHS, Gerhard: «El mito del apoyo a los submarinos alemanes en las costas españolas del Mediterráneo durante la Gran Guerra (1914-1918)», Revista de Historia Naval, n.º 164, 2024, pp. 83-106.

GARCÍA SANZ, Carolina: «Making Sense of the War (Spain)», 1914-1918-online. International Encyclopedia of the First World War, Freie Universität Berlin, 2018.

«SM UB-49», Wikipedia (edición en inglés).

«Kapitänleutnant Hans von Mellenthin», uboat.net – German and Austrian U-boats of World War One.

«Hans-Joachim von Mellenthin», Wikipedia (edición en alemán).

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