El Plutón contra el Terrible

Una batalla en aguas de Gandía

Este relato se basa en los hechos documentados por Eduardo Casas Herrer en su artículo «Gaspar Ortuño y el falucho Plutón», publicado en el sitio web Todo a Babor en 2022, así como en otras fuentes de la época sobre el combate.

El 11 de octubre de 1839 amaneció como tantos otros días en la costa valenciana. El Mediterráneo estaba allí, aparentemente tranquilo, y a poca distancia de las playas de Gandía dos faluchos navegaban sin saber todavía que, antes de que terminara la mañana, uno de ellos acabaría en manos del otro.

Uno era el Plutón, un falucho guardacostas perteneciente a la empresa de Miguel Ors y García, un marino y empresario de Benidorm que había hecho del combate contra el contrabando una actividad lucrativa y, también, peligrosa. Al mando del Plutón iba Gaspar Ortuño y Vives, también natural de Benidorm y cuñado de Miguel Ors, casado con su hermana Manuela. El otro era el Invencible, aunque por el nombre con el que era conocido en todo el litoral mediterráneo nadie necesitaba preguntar de qué barco se trataba: era el Terrible.

El Plutón había sido construido en 1832 en Arenys de Mar, del tipo llamado «falucho elástico», una variante más ligera y velera que los faluchos de transporte ordinario, pensada para el corso, el contrabando o el servicio de guardacostas. El teniente de navío Pedro Riudavets (1), buen conocedor de las velas latinas, lo consideraba uno de los mejores faluchos construidos en las costas catalanas. La empresa Ors y García, propietaria del barco, se había fundado en 1835 bajo la dirección de Miguel Ors.

El Terrible era un barco de contrabandistas procedente de Gibraltar y tenía una reputación que justificaba su nombre. No era un simple falucho mercante cargado clandestinamente de tabaco. Había sido construido con unas dimensiones y un armamento que llamaban la atención incluso antes de entrar en servicio. Disponía de dos cañones montados sobre plataformas giratorias, uno de 36 libras y otro de 24, además de cuatro carronadas (2) de 18 libras. Llevaba armas de fuego, armas blancas, granadas y hasta cohetes incendiarios. A bordo viajaban alrededor de setenta hombres.

Frente a él, el Plutón era un barco más ligero y maniobrable, especialmente preparado para las funciones de guardacostas. Su base estaba en Benidorm y su tripulación estaba formada en buena parte por hombres de la localidad. No era la primera vez que Gaspar Ortuño se enfrentaba a un contrabandista armado. Unos meses antes, el 28 de marzo, el Plutón había combatido durante cinco horas con el falucho San Felipe, que llevaba dos cañones. El combate terminó con siete muertos y un herido entre los contrabandistas y un muerto a bordo del Plutón. La recompensa fue un cargamento de tabaco y otros géneros de contrabando.

Pero el Terrible era otra cosa.

Gaspar Ortuño ya había tenido ocasión de comprobarlo, cuando en junio había intentado darle alcance mientras navegaba acompañado del San Miguel. La persecución había durado nada menos que sesenta y cuatro horas, a vela y a remo. Finalmente, durante la madrugada del día 13, ambos guardacostas llegaron a distancia de tiro y se produjo un intercambio de fuego. El Terrible, sin embargo, consiguió escapar.

Hubo después otro encuentro, en algún momento entre julio y octubre. Ortuño intentó aproximarse para abordarlo y registrar el barco. El contrabandista respondió con una descarga que alcanzó al Plutón y derribó su palo mayor. El Terrible volvió a escapar.

Aquello debió de dejar en Gaspar Ortuño una mezcla de frustración y orgullo herido. El barco que buscaba era más poderoso que el suyo, pero precisamente por eso su captura supondría una presa extraordinaria.

Miguel Ors también estaba interesado en encontrarlo. La empresa tenía informadores y recibió noticias de que el Terrible iba a recorrer las costas de su jurisdicción aquel otoño. Se esperaba que realizara varios alijos, entre ellos en Dénia, Gandía y Valencia. Miguel se desplazó a Benidorm para informar personalmente a su cuñado.

El 10 de octubre de 1839 Gaspar Ortuño salió de Benidorm a bordo del Plutón.

Al amanecer del día siguiente, desde el Plutón divisaron un falucho a aproximadamente una milla de la costa. El aparejo y la forma de navegar despertaron inmediatamente las sospechas de Ortuño. No necesitó acercarse demasiado para reconocerlo.

Era el Terrible.

El viento era flojo. Los dos barcos avanzaban lentamente, pero el Plutón, más ligero, consiguió ir ganando terreno. Gaspar ordenó forzar vela. La distancia se redujo poco a poco hasta que, aproximadamente a las nueve de la mañana, ambos quedaron a tiro de cañón.

El Terrible no intentó huir.

Su capitán conocía perfectamente las posibilidades de su barco y sabía que podía convertir su mayor potencia artillera en una ventaja decisiva. Presentó el costado de manera que pudiera utilizar simultáneamente cuatro de sus piezas: las dos carronadas y los dos grandes cañones instalados sobre plataformas giratorias.

El Plutón hizo entonces lo que exigían las ordenanzas. Mostró el pabellón español y efectuó la señal correspondiente.

Desde el Terrible no se respondió con bandera, ser respondió con fuego.

La primera descarga llevó bala y metralla. Pero la distancia era todavía considerable y la puntería no fue todo lo eficaz que podía haber sido. El Plutón continuó aproximándose.

Entonces comenzó el verdadero combate.

Los cañones de ambos barcos empezaron a conversar de manera poco amigable.

Los hombres del Plutón tenían que trabajar deprisa. José Cortés y Francisco Sorivelles, sus contramaestres, dirigían el servicio de las piezas mientras Gaspar Ortuño intentaba llevar el barco a una posición desde la que pudiera utilizar su mejor arma: el abordaje. El Plutón no podía competir indefinidamente con un barco que llevaba un cañón de 36 libras y otro de 24.

Tenía que acercarse. Y cuanto más se acercaba, más peligroso se volvía el Terrible.

El fuego español empezó a causar daños en el aparejo enemigo. El Terrible recibió impactos que fueron destrozando sus velas y maniobra. Pero el contrabandista también castigaba al Plutón. Uno de sus grandes proyectiles alcanzó el palo mayor del guardacostas. Los cohetes incendiarios provocaron nuevos problemas y el foque del Plutón ardió.

Durante aproximadamente una hora los dos barcos intercambiaron fuego.

El Terrible comenzó a perder movilidad. Su palo de mesana quedó destrozado y una de sus entenas (3) terminó colgando por la banda. El Plutón tampoco estaba en condiciones de continuar mucho tiempo aquel duelo artillero.

Gaspar Ortuño comprendió que había llegado el momento del abordaje.

Fue entonces cuando una descarga enemiga cambió el rumbo de la batalla.

Un fragmento de metralla alcanzó a Ortuño en la pierna izquierda y le produjo una herida grave. El capitán intentó mantenerse al frente, pero la hemorragia y la gravedad de la lesión acabaron obligándole a ceder el mando.

No abandonó el combate. Entregó el gobierno de la acción a su segundo, Antonio Ors y Ortuño, y la orden fue continuar hacia el Terrible y abordarlo.

El Plutón se aproximó todo lo que pudo. Sorivelles efectuó nuevos disparos a corta distancia y uno de ellos alcanzó el aparejo del Terrible, derribando su entena y dejándolo todavía más comprometido.

El contrabandista respondió.

El fuego volvió a alcanzar al Plutón. Los daños y el incendio del foque hicieron difícil completar el abordaje de la manera convencional.

Con el barco enemigo prácticamente al alcance de la mano, algunos hombres del Plutón se arrojaron al agua y treparon por los costados del Terrible hasta alcanzar su cubierta. El segundo comandante, Antonio Ors y Ortuño, y el condestable Ramón Rodríguez estuvieron entre los primeros. Tras ellos fueron Antonio Ors de Jacinto, Pedro Ortuño y Ballester y otros.

Y una vez que los guardacostas pusieron los pies sobre la cubierta enemiga, la ventaja de los grandes cañones desapareció y la pelea fue cuerpo a cuerpo.

Puede que la escena no sucediera exactamente de esa manera. Pero el hecho esencial sí está documentado: los hombres del Plutón llegaron al Terrible por el agua y consiguieron entrar en él.

El Terrible había comenzado la jornada con unos sesenta y nueve hombres. Cuando finalmente fue rendido, doce habían muerto, incluido su capitán. El Plutón, por el contrario, tuvo cuatro hombres contusos además de la grave herida de Gaspar Ortuño.

El barco que durante meses había sembrado temor entre los guardacostas españoles estaba vencido.

No fue una captura sencilla ni limpia. Ambos barcos habían quedado seriamente dañados. El Terrible apenas conservaba parte de su aparejo y el Plutón había perdido el foque y tenía averiado el palo mayor. Había sido capturado, pero todavía quedaba por comprobar qué llevaba a bordo. El registro no dejó lugar a dudas: no iba de vacío. En sus bodegas había tabaco y otros géneros de contrabando, la mercancía que llevaban meses tratando de interceptar.

Los hombres de Ors y García acababan de conseguir una presa cuyo valor económico podía ser considerable. En aquel sistema de guardacostas privados, capturar contrabandistas no era solamente una cuestión de servicio al Estado. Los empresarios, capitanes y tripulantes tenían derecho a una parte del valor de las mercancías y de las embarcaciones apresadas. En algunos contratos, esas participaciones podían alcanzar porcentajes muy importantes.

Una vez capturado el Terrible, los hombres del Plutón tomaron el control del barco y se hicieron cargo de sus tripulantes supervivientes. Se hicieron reparaciones de emergencia y se organizó una dotación de presa (4).

El Plutón y su enemigo, ahora capturado, emprendieron entonces el viaje hacia Valencia.

Llegaron el 16 de octubre.

Los periódicos de la época contaron el combate y la captura. Un relato publicado posteriormente recogía que la batalla había durado tres horas y que Gaspar Ortuño había recibido una grave herida de metralla en una pierna durante el abordaje.

Pero la historia del Terrible no terminó aquel día.

El barco capturado fue declarado buena presa y salió a subasta.

¿Quién lo compró? La empresa de Miguel Ors y García.

El mismo barco que había combatido contra el Plutón pasó a formar parte de la propia organización que perseguía el contrabando. Fue rebautizado como Espartero, aunque su antiguo nombre, Terrible, continuó acompañándolo durante años.

En enero de 1840 ya estaba trabajando como guardacostas y participaba de nuevo en la captura de contrabandistas. Con el tiempo acabaría incorporándose a la Armada española.

Gaspar Ortuño tampoco abandonó el mar. La herida sufrida aquel 11 de octubre le dejó secuelas, pero su actuación fue reconocida y su carrera continuó. El episodio del Plutón contra el Terrible quedó como la acción que marcaría para siempre su nombre.

La reina Isabel II lo recibió y lo condecoró, y le regaló unas muletas para ayudarle con la cojera. Con el tiempo llegó a alférez de navío y más tarde a teniente de fragata, y acabó su carrera como ayudante de la capitanía del puerto de Alicante, ya cerca de los sesenta años.

En aquel tiempo Benidorm era todavía una pequeña población marinera. Sus hombres navegaban, pescaban, comerciaban y, cuando las circunstancias lo exigían, combatían.

Pocos recuerdan hoy la historia: la de un pequeño falucho llamado Plutón que, en las aguas de Gandía, consiguió rendir al Terrible al abordaje.

No estamos, por tanto, ante una leyenda inventada. El combate ocurrió. Los barcos existieron. Los protagonistas tienen nombre y apellidos.

La fecha está documentada: 11 de octubre de 1839.

Ese fue el día en que el Plutón derrotó al Terrible.

B+IA

https://histobenidorm.blogspot.com/search?q=falucho+Plut%C3%B3n

https://www.todoababor.es/historia/gaspar-ortuno-y-el-falucho-pluton/

(1) Fue un destacado oficial de la Armada, hidrógrafo, cartógrafo e historiador menorquín.

(2) Cañón naval de hierro colado, de tubo corto y ánima ancha, diseñado en el siglo XVIII para disparar proyectiles pesado a muy corta distancia.

(3) Palo largo e inclinado que sostiene una vela triangular (latina) en las embarcaciones tradicionales.

(4) Tripulación comisionada para gobernar y custodiar un buque capturado hasta llevarlo a puerto.

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