Durante más de un siglo, numerosos vapores españoles encargados del transporte oficial de la correspondencia desempeñaron un papel esencial en las comunicaciones entre la Península, las islas, el norte de África y Ultramar. Para distinguirlos del resto de la marina mercante existía una enseña poco conocida: la bandera potestativa de los Correos Marítimos.
Se trataba de la bandera nacional española con las letras CM, en color azul, sobre la franja amarilla. Su uso identificaba a los buques que prestaban el servicio postal por cuenta del Estado, un distintivo que simbolizaba regularidad, puntualidad y un compromiso con un servicio público de gran importancia.
Aunque hoy ha caído completamente en desuso, la bandera sigue figurando en el Reglamento de Banderas y Estandartes aprobado por el Real Decreto 1511/1977. Es, por tanto, un curioso vestigio de la época dorada de los vapores correos, cuando el mar era una de las principales vías para transportar cartas, viajeros y noticias entre los distintos territorios españoles.
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