El naufragio del vapor Guillem Sorolla

 

«Reconocido el lugar en que se hallaba el Sorolla y sus alrededores, sin resultado. No hay contestación a las constantes llamadas. La última señal de socorro fue recibida en la estación de Ouessant el día 28; desde entonces no se han vuelto a captar mensajes. Seguimos buscando.»

Así rezaba el telegrama enviado por el vapor Romeu el 3 de noviembre de 1922, después de alcanzar las coordenadas transmitidas por el Guillem Sorolla en el que sería, con toda probabilidad, su último —y quizá único— mensaje de auxilio.

El Guillem Sorolla era un moderno vapor de 4.600 toneladas de registro, 100 metros de eslora, 14 de manga y 8 de puntal (1), propulsado por una potente máquina de 2.000 caballos de vapor. Había sido encargado por la Compañía Valenciana de Vapores Correos de África a los astilleros Euskalduna, aunque nunca llegó a navegar bajo su contraseña. Los retrasos en su construcción, ocasionados por la escasez de materiales derivada de la Gran Guerra, hicieron que el buque fuese entregado cuando la naviera valenciana ya se había integrado en la Compañía Trasmediterránea, empresa para la que inició su singladura en 1920.

Durante los primeros años de su corta vida marinera recaló en La Habana, Buenos Aires, Nueva York y otros puertos americanos. En aquellas rutas protagonizó diversas actuaciones de auxilio a buques en peligro. Entre 1921 y 1922, requerido por el Gobierno, participó asimismo en la campaña de Marruecos, transportando tropas y material de guerra, servicio que compaginó con sus habituales viajes comerciales. Estos consistían, principalmente, en llevar a Gran Bretaña cargamentos de frutas y hortalizas españolas para regresar a Valencia y Barcelona con las bodegas repletas de carbón.

En una de estas estaba, cuando después de haber descargado en Bristol y Cardiff hortalizas procedentes de Denia y Almería, arrumbaba a Barcelona con 4000 toneladas de carbón. Era el 28 de octubre de 1922, jornada en la que los servicios meteorológicos advertían de «Grandes tempestades del oeste que dominaban el océano Atlántico y el golfo de Vizcaya».

Poco antes de la medianoche, el trasatlántico correo Infanta Isabel (2), de la Compañía Pinillos, comunicó haber recibido un mensaje de socorro del Guillem Sorolla. En él informaba de que se encontraba en situación desesperada, en medio de un violento temporal y a la deriva por avería de máquinas. La estación de Telegrafía Sin Hilos de Ouessant, situada en la isla francesa del mismo nombre, a unos veinte kilómetros de la costa de Bretaña, así como la estación radiotelegráfica del Ejército, EGG (3), ubicada en Paterna (Valencia), captaron igualmente la llamada de auxilio. Otros buques que navegaban por la zona también la recibieron, aunque la violencia del temporal les impedía prestar ayuda, obligándoles a velar únicamente por su propia supervivencia.

Las coordenadas transmitidas por el Guillem Sorolla en su último SOS lo situaban en un punto del Atlántico próximo a las costas de Bretaña. Hacia allí zarpó el vapor Romeu, buque hermano de la Compañía Trasmediterránea, que partió el 31 de octubre en misión de búsqueda y salvamento. Tras largas y arduas horas batiendo la zona indicada, no encontró rastro alguno del vapor desaparecido.

A pesar de tan desalentadoras noticias, durante varios días aún se mantuvo la esperanza. Se trataba de un buque moderno, sólidamente construido, botado apenas dos años antes y mandado por un capitán de acreditada experiencia, Francisco Soler, al que en la Memoria de la Compañía Trasmediterránea correspondiente a 1922 se refieren como «el veterano capitán D. Francisco Soler, competentísimo marino, ya antiguo capitán de los vapores de la Compañía Valenciana de Vapores Correos de África».

En los días siguientes, diversos barcos españoles, franceses e ingleses peinaron sin éxito la zona de la desaparición.

La confirmación de la tragedia no llegó hasta el 8 de noviembre. Ese día, el carguero británico Hanworth, recién arribado a Glasgow procedente de Valencia, informó de que también había recibido el SOS del Guillem Sorolla. Su capitán declaró que le había sido imposible acudir en su auxilio, pues su propio buque luchaba igualmente por sobrevivir al temporal. No obstante, afirmó haber alcanzado a divisarlo pocos instantes antes de que desapareciera engullido por el océano.

Como en tantas otras ocasiones, las fuerzas de la naturaleza volvieron a cobrarse un elevado tributo en vidas humanas. El Guillem Sorolla se hundió con toda su dotación, llevándose al fondo del mar a veinticinco marinos curtidos en innumerables travesías. Entre ellos se encontraba el benidormense Nicolás Pagés (4), segundo oficial del buque.

M+IA

(1) Altura del buque en metros medida desde la cara inferior del casco en su intersección con la quilla y la línea de cubierta principal.

(2) Vendido en 1926 a una naviera japonesa, fue torpedeado y hundido el 21 de septiembre de 1944 por el submarino norteamericano USS Redfish.

(3) La «Estación de Guerra Golf» (EGG) de Paterna es la estación más antigua que se conserva de las 27 que formaron la primera red de transmisiones del Ejército, se constituyó en 1913.

(4) Tío-abuelo de Paco Such Pagés

FUENTES: Paco Such Pagés + Francisco Llinares Martí + https://www.trasmeships.es/los-buques/guillem-sorolla/

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