Con la extraordinaria expansión de la marina mercante experimentada entre finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, las grandes compañías navieras desarrollaron una identidad visual propia que permitía reconocer sus buques de un solo vistazo. En una época en la que el tráfico marítimo crecía de forma constante y aún no existían los modernos sistemas de identificación electrónica, los colores y emblemas pintados en la chimenea —la denominada contraseña naviera —, junto con el gallardete de la compañía y el pabellón nacional izado en popa, constituían los principales signos distintivos de cada mercante.
La combinación de estos tres elementos permitía identificar tanto la empresa armadora como la nacionalidad del buque incluso a gran distancia. Con el tiempo, las contraseñas navieras evolucionaron desde sencillos diseños geométricos hasta convertirse en auténticos símbolos corporativos, estrechamente ligados al prestigio y reputación de las compañías. Para marinos, prácticos, consignatarios y observadores de los puertos de todo el mundo, bastaba distinguir una chimenea o un gallardete para reconocer inmediatamente a qué naviera pertenecía el buque, convirtiendo estos distintivos en la primera y más duradera imagen de marca de la navegación mercante.
La chimenea era el rasgo más característico. Pintada con una combinación específica de colores, franjas, bandas o figuras geométricas —la llamada contraseña naviera—, identificaba inequívocamente a la empresa propietaria del buque. Cada naviera poseía un diseño propio, cuidadosamente protegido y mantenido durante décadas, hasta el punto de convertirse en un símbolo de prestigio y garantía de calidad de sus servicios.
Los gallardetes de la compañía, izados habitualmente en el palo mayor o en el tope del mástil cuando el buque se encontraba en puerto o durante actos protocolarios, reproducían los colores y emblemas de la naviera. Junto con la chimenea, reforzaban la identidad visual de la empresa y contribuían a hacer fácilmente reconocible a cada uno de sus buques.
La bandera de popa, o pabellón nacional, indicaba la nacionalidad del buque y el Estado bajo cuya legislación navegaba. Arbolada reglamentariamente en la popa, especialmente durante la estancia en puerto y en las ceremonias marítimas, era el símbolo de la soberanía del país de matrícula y representaba la protección jurídica y diplomática de la que gozaba el mercante en cualquier puerto del mundo.
A continuación se muestran una serie de imágenes de contraseñas de chimenea, gallardetes de compañía y banderas portuarias, utilizadas por la marina mercante, principalmente entre finales del siglo XIX y mediados del XX.