Nacido como un elegante yate de recreo, el J. B. Llovera tuvo una vida tan larga como singular. Fue construido en 1880 por los prestigiosos astilleros Cunliffe & Dunlop Ltd., de Glasgow, y botado con el nombre de Amy. Con el paso de los años cambió varias veces de propietario y de identidad, navegando sucesivamente como Louisse y Asteria, hasta que en 1910 fue adquirido por la Compañía Valenciana de Vapores Correos de África, que lo transformó en buque de pasajeros y lo rebautizó J.B. Llovera, en honor a Juan Bautista Llovera, destacado piloto naval e ilustre personaje del Grau València.
Las obras de transformación culminaron en el verano de 1911. El 15 de julio, en aguas del puerto de Valencia, el veterano casco superó brillantemente las pruebas oficiales de mar, impulsado por su nueva máquina alternativa de vapor alimentada con carbón. Durante los ensayos, su característica proa de violín cortaba la mar a 14 nudos de velocidad, un registro más que notable para un buque concebido tres décadas antes como embarcación de recreo. Poco después quedó incorporado a las líneas del Estrecho de Gibraltar, donde comenzó una nueva existencia como vapor correo y de pasajeros.
El barco cubría rutas en el Mediterráneo y el Estrecho de Gibraltar, conectando puertos como Alicante, València, Algeciras y Ceuta. Como curiosidad de la época, viajar en la parte de la popa costaba una peseta, mientras que hacerlo en proa costaba solo media peseta.
Uno de los episodios más notables de su carrera tuvo lugar el 13 de febrero de 1916. Mientras cubría la travesía entre Algeciras y Ceuta, su tripulación avistó un hidroavión británico que, tras sufrir una avería, había tenido que amerizar y corría serio peligro de hundirse. La rápida y decidida actuación del capitán permitió rescatar a sus dos ocupantes, evitando una tragedia en unos años en que la aviación naval apenas daba sus primeros pasos.
A finales de ese mismo año, el 25 de noviembre de 1916, el J. B. Llovera pasó a formar parte de una nueva etapa de la navegación española. La fusión de la Compañía Valenciana de Vapores Correos de África, la Sociedad Línea de Vapores Tintoré, la Sociedad Anónima de Navegación e Industria y Ferrer Pesset Hermanos dio origen a la Compañía Trasmediterránea, de cuya flota pasó a formar parte sin modificar sus habituales servicios. Tan solo cambió la contraseña pintada en su chimenea, mientras continuaba uniendo día tras día las dos orillas del Estrecho.
Durante quince años el J. B. Llovera fue uno de los vapores más apreciados de aquellas líneas. Había sobrevivido al paso del tiempo, a temporales y averías, y parecía destinado a concluir su carrera de forma tranquila. Sin embargo, el destino le tenía reservado un final tan repentino como dramático.
En la mañana del 22 de septiembre de 1926, cuando apenas le restaban unos meses para ser retirado del servicio, zarpó de Tánger en lastre (1) con destino a Algeciras, al mando del capitán Jaime Pérez Linares (2). Una espesa niebla cubría el Estrecho y reducía la visibilidad a escasos metros. Hacia las nueve de la mañana, a unas cinco millas al este de Punta Malabata (3), surgió de la bruma el vapor A. Cola, también perteneciente a la Compañía Trasmediterránea, que navegaba desde Ceuta con rumbo a Larache.
El encuentro fue inevitable. El A. Cola embistió al J. B. Llovera por la banda de babor, abriéndole una vía de agua de enormes proporciones. El viejo vapor, incapaz de resistir el rápido avance del agua, escoró casi de inmediato y desapareció bajo la superficie en apenas unos minutos.
La serenidad de ambas tripulaciones evitó que el accidente terminara en tragedia. Pese a las dificultades provocadas por la niebla y por el propio hundimiento, el A. Cola, que apenas sufrió daños de importancia, consiguió recoger a la totalidad de los pasajeros y tripulantes del J. B. Llovera. Con todos ellos sanos y salvos a bordo, puso rumbo a Algeciras, donde llegó horas más tarde, poniendo fin a la historia de uno de los vapores más singulares y longevos que navegaron por las aguas del Estrecho de Gibraltar.
B+IA
(1)Habitualmente, cuando un buque descarga los productos que transporta, embarca lastre, lo que permite seguir navegando con el calado óptimo.
(2)El malogrado escritor vilero Carlos Llorca Baus en su libro Historia Marinera de Benidorm escribe sobre un Jaime Pérez Linares originario de Benidorm, aunque nacido en Barcelona en 1882, que ejerció como primer oficial custodio en el buque prisión Uruguay durante la Guerra Civil. No se puede asegurar a falta de más información que se trate de la misma persona.
(3)La Punta Malabata es un cabo situado en la entrada atlántica del Estrecho, que cierra la bahía de Tánger por el este. Cabe señalar a modo de curiosidad, que es desde aquí y hasta la Punta Paloma en España, donde hipotéticamente está previsto el túnel subacuático que uniría África con Europa.